lunes, 18 de septiembre de 2017

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: EL COLEGIO DE LOS VELARDES


Según apunta Margarita Torremocha: “un apartado importante en el estudio de la Historia de las universidades es el conocimiento del mundo colegial que se desarrolla en torno a ellas. En algunas universidades los colegios son el verdadero origen y sustento de los Estudios. Alcalá es el paradigma de los colegios-universidad, pero no es la única. A su sombra proliferaron, sobre todo a lo largo del siglo XVI, otras que tomaron el mismo modelo, como fueron Oviedo, Sevilla, Osma, etc.”. No fue esta la única tipología de colegio que se desarrolló. Así, tenemos los colegios Mayores, cuya importancia en el campo de la educación fue crucial, y sobre todo en la promoción social que aseguraban las letras en la España de los Austrias. Tan solo existieron seis: cuatro en Salamanca, el de Alcalá, y otro en Valladolid. Otro tipo de colegios fueron los vinculados a las órdenes religiosas, casi siempre relacionados con alguna universidad. Su objetivo era mejorar la formación del clero, sin que sus miembros tuvieran que desplazarse a las universidades, donde el bullicio escolar podía perjudicar sus vidas consagradas.
El Colegio de los Velardes a comienzos del siglo XX (créditos a quien corresponda, no recuerdo de dónde saqué la fotografía)
El colegio Velarde nada tuvo que ver con los tipos anteriores ya que se trató de un pequeño colegio fundado por un particular. Su importancia en el medio vallisoletano fue capital puesto que el mundo colegial se restringía al Mayor de Santa Cruz, San Gregorio de la orden Dominica, San Gabriel de los Agustinos, San Ambrosio de los Jesuitas, y San Albano para el estudio de los seminaristas católicos ingleses, controlado también por la compañía.

Situación del Colegio de los Velardes en el plano de Bentura Seco (1738)
El origen de este colegio menor universitario se remonta al testamento de Juan de Velarde y Frómista, natural de la villa de Castrojeriz (Burgos) y residente de Valladolid, redactado ante Tomás López el 26 de julio de 1615. Este caballero era hijo de Antonio Velarde y de Inés de Frómista, y nieto de Elvira de Padilla y de Hernando Velarde, natural este último de Santillana del Mar en el principado de Asturias y alcalde del estado de los hijosdalgo de Castrojeriz. Con las rentas que en él se especificaban quiso poner en marcha una serie de fundaciones: la creación de una capilla en la catedral de Valladolid, para lo cual destinó 8.000 ducados; y la dotación de una renta para mantener a dos capellanes clérigos de misa "de mi linaje de Belarde o del de mi madre, y más seis estudiantes de los de mis linajes de parte de mi padre y madre de los Frómistas, los cuales todos estén juntos en una casa que para ello ordenará adelante se compre en esta ciudad adonde más convenga”. A estas ocho personas, más una criada o criado "que los sirva", les dejó una renta anual de 308.129 maravedíes. En el citado testamento ordenaba que tanto capellanes como estudiantes no habrían “de tener otro cargo ni obligación sino estudiar, y a cada uno quiero se les dé diez años de estudio”, y que además debería vivir todos “juntos en una casa”. Esta dependencia no estaba adquirida aun cuando se redactó el testamento ("una casa que para ello ordenaré en adelante se compre en esta ciudad, a donde más convenga"). Los patronos del Colegio fueron el magistral más antiguo de la catedral y su canónigo doctoral, los cuales otorgarán "la superintendencia y gobierno de la casa" a uno de los dos capellanes "que sea como corrector de los demás".

El Colegio de los Velardes en la década de 1950 cuando ya apenas quedaba la fachada en pie
Una vez utilizada esa renta de 8.000 ducados "para el edificio de la dicha capilla" de la catedral, quiso el fundador que dicha renta sirviera para mantener a "más estudiantes, que declaro han de ser cuatro de las mismas calidades que dejo dicho y declarado". A falta de aspirantes de ambos linajes, debían admitirse a personas naturales de la Montaña, de Castrojeriz y de la diócesis de Burgos, “y esto teniendo la calidad de hijosdalgo notorios y cristianos viejos limpios de toda mala raza”. Asimismo dejaba ordenado que para la provisión de esas dos capellanías y de las plazas de estudiantes libren los patronos del Colegio los edictos necesarios, "poniéndolos en las puertas de la iglesia catedral de esta ciudad y en las de la Universidad, y librando otras para las poner en las puertas de la iglesia colegial de Santillana en la Montaña y en la de Santander y lugar de Biernoles que es cerca de Santillana y en la iglesia parroquial de San Juan de Castrojeriz y en la iglesia catedral de la ciudad de Burgos", dando un plazo de tres meses para que se presenten los aspirantes ante los patronos.

DIEGO VALENTÍN DÍAZ (atrib.). Retrato de don Juan Velarde (Primer cuarto del siglo XVII) conservado en la capilla que él fundó en la catedral, actualmente bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores
Don Juan Velarde confirmó la fundación del Colegio en un codicilo otorgado en Valladolid el 20 de agosto de 1616. En él ordenaba que se pagaran a cada uno de los dos capellanes del Colegio 15.000 maravedís al año "por el trabajo que han de tener en decir las misas y recogimiento de los dichos estudiantes". Entre otras disposiciones que dejaba escritas en el codicilo hay una por la cual mandaba a la Catedral “diez reposteros de tapicería que tienen sus armas de los Velardes, que para de ellos se sirva la dicha santa iglesia, con calidad de que no los pueda vender, trocar ni enajenar”.
Don Juan Velarde falleció el 25 de agosto de 1616 sin descendencia, por lo que el Colegio se instaló en su casa palacio, sita en la denominada “calle que va a la puerta de San Juan”, donde los estudiantes pudieron utilizar la magnífica biblioteca del fundador, formada por 130 libros de las más diversas materias: teología, literatura clásica y moderna, comedias, historia, medicina, fisionomía, teoría y práctica de la guerra, técnica de fortificación, filosofía, política, derecho y lengua toscana. La calle en la que se encontraba pasó a denominarse "de Velardes", apelativo con el que también fueron conocidos sus diez estudiantes hijosdalgo, procedentes de las diferentes ramas montañesas y burgalesas de los nobles linajes de Velarde y Frómista. El colegio también se conoció en ocasiones como “de la Magdalena”, aunque sólo se recoge este apelativo en las fuentes no universitarias, y debió tener su origen en el nombre del barrio y la parroquia donde se situaba la casa del colegio.

Planta del Colegio de los Velardes realizado por Martín González
Según Martín González, la casa de los Velarde se construyó en la segunda mitad del siglo XVI. Era estrecha y profunda. Tenía fachada de piedra con arco de entrada de medio punto rubricado con escudos del fundador en las enjutas, los cuales Agapito y Revilla describió así: “cuartelados con punta: el primer cuartel lleva por figuras heráldicas tres lises, una y dos: el segundo un águila explayada; en el tercero parece estar figurado un dragón vuelto al lado siniestro; el cuarto tiene dos lobos, uno sobre otro; y en la punta se ve un árbol. El escudo aparece coronado con una cabecita con alas a los lados”. A la izquierda había una puerta pequeña que daba paso a las bodegas. Atravesando el zaguán se llegaba al patio, que era alargado, se cubría en su lado meridional, y tenía un pozo. Había en su planta baja columnas de piedra y zapatas de madera que sostenían una galería superior con postes y balaustrada de madera. Al fondo estaba la escalera de tres tiros que ascendía a la planta de habitaciones. Tenía sótano alargado, que estaba situado al norte del patio. Un pasadizo recto conducía a las caballerizas y desembocaba en un corral con su huerto.
Según relata Domínguez Casas: “En Claustro reunido el 23 de junio de 1648 presentó el Colegio de los Velardes una provisión del Consejo Real que le autorizaba a usar mantos y becas. Se nombraron dos comisarios para elaborar un informe el asunto, el cual fue presentado ante el Claustro reunido el 7 de julio. Acordaron los claustrales hacer otro informe sobre el contenido de "dicha Real provisión", a petición del propio Consejo Real, para ver si dichos colegiales "podrán traer manto y beca, y que convendrá le traigan y que los mantos sean pardos y las becas verdes, pues de esto no se sigue perjuicio a ninguna comunidad, sino lustre a esta ciudad, y que los sujetos que entrasen en dicho colegio se asienten a estdiar para conseguir mayores premios, y que este informe se haga luego".

A la derecha, con una beca verde, un colegial "de Velarde". La ilustración está realizada por el propio Domínguez Casas, quien nos ilustraba con sus geniales dibujos los apuntes de Arte Medieval Español
El Colegio de los Velarde no fue suprimido en 1820 ni en 1836, debido a que era de propiedad particular, pero la abolición de los privilegios nobiliarios le privó de recursos económicos y de becarios. Aún funcionaba en 1870. Tras venderlo y destinarlo a viviendas privadas, un incendio lo arruinó y solamente dejó en pie su fachada y piedra. Hacia 1960 los propietarios vendieron el solar y fue derribada la fachada. Se construyó un moderno edificio que conserva en su vestíbulo una ventana y dos escudos de piedra de los Velardes, procedentes de la antigua fachada colegial, además de un resto de cornisa fechada en 1556. Sirve como sede al Colegio Menor Belardes, donde residen alumnos universitarios.
Este post no pueda acabar sin referirnos brevemente a la capilla que fundó don Juan Velarde en la catedral vallisoletana. Actualmente es la denominada “capilla de Nuestra Señora de los Dolores” y es la segunda del lado del evangelio contando desde los pies del templo. Según la tradición esta capilla se levantó sobre el solar que ocupaba antiguamente la casa natal de San Simón de Rojas (1552-1624), confesor de la reina doña Isabel de Borbón. En la reja que cierra la capilla se puede observar en su coronamiento el escudo de armas del fundador, el cual es descrito por Domínguez Casas (mi profesor de heráldica en la carrera de Historia del Arte), así: “era un escudo cuartelado: el primero de gules, con tres flores de lis de plata, puestas 1,2; el segundo de oro, con un águila de sable; el tercero de azur, con una sierpe alada de oro con el vientre y el interior de las alas de plata; y el cuarto de sinople, con dos onzas de su color puestas en pal; entado en punta de plata, con un pino de sinople terrazado de lo mismo; bordura de plata, cargada con la leyenda "BELARDVS HIC SVPERATO SERPENTE REGINAM DVXIT" en letras de sable, la cual se traduce como "Este es Belardo, que a la Sierpe mató y con la Reina se casó".

En el lado izquierdo de la capilla se conserva el monumento funerario de don Juan Velarde, uno de los escasos que se realizaron en Valladolid durante la época barroca. Se trata de un retablo toscano conformado por dos pares de columnas y frontón curvo, partido y avolutado, con escudo dorado y policromado sin bordura ni lema, timbrado con yelmo de hidalgo. En el centro del arco figura un retrato de medio cuerpo de don Juan Velarde y justo debajo una caja funeraria con sus restos. El excelente retrato, que en ocasiones ha sido atribuido a Velázquez, será obra del vallisoletano Diego Valentín Díaz. Don Juan Velarde es efigiado ya anciano, vestido de negro y con gola en el cuello, y sujetando con su mano derecha un rosario. A su lado figura su blasón con el tema familiar en la bordura. Bajo el sepulcro se lee esta inscripción: "AQVI YAZE EL HONRRADO CABALLERO HIJOSDALGO EL SEÑOR JVAN BELARDE, FVNDADOR DESTA CAPILLA BEZINO QVE FVE DESTA CIVDAD DE BALLADOLID, Y ORIGINARIO DE LAS BILLAS DE CASTROJERIZ I DE SANTILLANA EN EL PRINCIPADO DE ASTURIAS, DOTÓ I FUNDÓ DIFERENTES MEMORIAS I OBRAS PIAS EN ESTA SANTA YGLESSIA Y CIVDAD DE BALLADOLID, I EN LAS DICHAS BILLAS DE CASTROJERIZ I SANTILLANA, FALLECIÓ EN 25 DE AGOSTO DE 1616, Y TRASLADARONSE SVS HVESSOS A ESTA CAPILLA Y SEPVLCHRO EN 30 DE AGOSTO DE 1702".



BIBLIOGRAFÍA
  • AGAPITO Y REVILLA, Juan: “Heráldica en las calles de Valladolid (conclusión”, B.S.A.A., Tomo 18, 1951-1952, pp. 79-120.
  • AGAPITO Y REVILLA, Juan: Las calles de Valladolid: Nomenclátor histórico, Tipografías Casa Martín, Valladolid, 1937.
  • DOMÍNGUEZ CASAS, Rafael: “Imago Pintiana”: heráldica, emblemas y fastos de la Universidad de Valladolid (siglos XV-XXI), Universidad de Valladolid, Valladolid, 2012.
  • GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID, Casimiro: Valladolid, sus recuerdos y sus grandezas: religión, historia, ciencias, literatura, industria, comercio y política, Tomo I, Imprenta de Juan Rodríguez Hernando, Valladolid, 1900, p. 350.
  • TORREMOCHA HERNÁNDEZ, Margarita: "Los Velardes". Historia de un colegio menor en la Universidad de Valladolid, Revista de Historia Moderna, Nº 20, 2002, pp. 187-210.

lunes, 11 de septiembre de 2017

EXPOSICIÓN: ALONSO BERRUGUETE EN PAREDES DE NAVA. A propósito de una exposición


En la localidad palentina de Paredes de Nava, villa natal de los Berruguete, y más concretamente en la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en cuya pila bautismal recibieron las aguas sacramentales Pedro y Alonso Berruguete, se está realizando una pequeña exposición acerca de la figura de los tres miembros de esta excelente saga: el fundador, el pintor Pedro González Berruguete (c.1445-1503); su hijo, el pintor y escultor Alonso Berruguete (c.1489-1561); y el sobrino de éste, el escultor Inocencio Berruguete (h.1520-1575).

Paredes de Nava. Iglesia de Santa Eulalia
La exposición, que viene a ser un complemento ideal de la celebrada en el Museo Nacional de Escultura: “Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la antigüedad pagana”, reúne unas pocas obras a través de las cuales se repasa de manera global la carrera de estos tres artistas. En ella se concitan, además, piezas de otros artistas contemporáneos o que trabajaron con ellos, caso de Alejo de Vahía, excelente artífice con el que laboró Pedro Berruguete en, al menos que sepamos, los retablos de Santa Eulalia de Paredes de Nava y Santa María de Becerril de Campos. Sin duda la pieza estrella de la muestra es el retablo mayor de la iglesia, el cual no tiene ya nada que ver con el original creado por Pedro Berruguete y Alejo de Vahía puesto que fue modificado unas décadas después por Esteban Jordán, quien es el autor del grupo que preside actualmente el conjunto: el martirio de Santa Eulalia, con esas potentes figuras romanistas clásicas, rotundas y poderosas derivadas del clasicismo, de Juni y de Miguel Ángel.

INOCENCIO BERRUGUETE Y ESTEBAN JORDÁN. Retablo mayor (1561). Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia). Se le añadieron las pinturas sobre tabla del retablo precedente, realizadas por Pedro Berruguete
ESTEBAN JORDÁN. La Degollación de Santa Eulalia
PEDRO BERRUGUETE. Tres profetas
Aunque se supuso que los Berruguete llegaron a Paredes de Nava de mano de los Manrique, señores de la villa, consta sin embargo el apellido Berruguete en Paredes de Nava mucho antes de la llegada de los Manrique, formando parte del pequeño patriarcado urbano de la villa, y ya en 1403 un García González Berruguete ocupó cargos en el concejo de Paredes. Se ha querido vincular a un “Alfonso, pintor”, activo a mediados del siglo XV en Paredes, con la familia, haciéndole incluso padre de Pedro Berruguete.
El hecho es que Pedro González Berruguete. Conocido como Pedro Berruguete (+ 1503), su hijo Alonso (+ 1561) y el sobrino de éste y nieto de Pedro, Inocencio Berruguete (+ h. 1575), sobresalieron en el panorama artístico de la Corona de Castilla. La familia siempre estuvo vinculada con Paredes de Nava, donde Pedro y seguramente Inocencio tuvieron taller abierto y para cuyas iglesias, especialmente Santa Eulalia, realizaron algunas de sus principales obras.

ALEJO DE VAHÍA. Abrazo ante la Puerta Dorada. Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)
A continuación se insertan las breves biografías de Pedro y Alonso Berruguete que figuran en la exposición, así como una cita muy sumaria de los discípulos más aventajados del “Hijo del Laocoonte”: Francisco Giralte, Manuel Álvarez e Inocencio Berruguete.

Pedro Berruguete
Pedro Berruguete nació hacia 1445 en la villa de Paredes de Nava, señorío de la importante familia Manrique en la Tierra de Campos palentina. Es un artista del que se conocen pocos datos biográficos, lo que contrasta con la importancia y calidad de su obra conservada, y del lugar que ocupa en la historia del arte español.
Se había supuesto que, tras una formación en algún taller castellano, trabajó con un pintor de Gante, Joos van Wassenhove, a quien llamamos en España Justo de Gante. Ambos artistas intervinieron en la decoración del “studiolo” de Federico de Montefeltro en su palacio ducal de Urbino. Lo aceptado por la crítica es que Berruguete viajó a Italia, probablemente antes de 1473, y ello le llevó a trabajar a Urbino. Parece que tras la muerte de Federico de Montefeltro, regresó a Castilla, donde ya se encontraba en 1483.

PEDRO BERRUGUETE. Santa Elena encuentra la Santa Cruz (h. 1490). Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)
Debió de tener taller abierto en su villa natal, a juzgar por los numerosos encargos que realizó para algunas iglesias del obispado de Palencia: además de las tablas del retablo de Santa Eulalia de Paredes de Nava que se reputan como su obra maestra, y las del retablo de Santa María de Becerril en el que también colaboró con el escultor Alejo de Vahía, realizó obras para Frechilla, Guaza de Campos y otras de la zona, especialmente en la Tierra de Campos. Es de resaltar que buena parte de su producción se hiciera para lugares más vinculados al patrocinio real o del entorno de los Reyes Católicos (Santo Tomás de Ávila, Cartuja de Miraflores, Capilla Real de Granada, díptico de la catedral de Palencia, San Ildefonso de Toro y Santa Cruz de Segovia).
Sus encargos y obras en la Corte de los Reyes Católicos demuestran la alta estima que tuvo su arte entre sus contemporáneos. Sus trabajos, encargados por personajes altos dignatarios de la Iglesia o de la Corte, culminarán con los tres retablos para la iglesia dominica de Santo Tomás de Ávila, panteón del primogénito de los Reyes Católicos, el infante don Juan, obra financiada por el Inquisidor General, cardenal Torquemada. Las pinturas de dos de estos retablos pueden admirarse en el Museo del Prado de Madrid, permaneciendo en el monasterio el mayor.
Todo parece indicar que Pedro Berruguete gozó de una posición desahogada, y de gran reputación en su tiempo, eclipsada después durante siglos por la fama de su hijo, el escultor Alonso Berruguete. Desconocemos la fecha de su muerte, aunque es probable que falleciera, quizás en Madrid, en los últimos años de 1503.

En la Provincia de Palencia se conservan algunas de sus principales obras: en la catedral, en el Museo Diocesano, en la Diputación Provincial, además de las señaladas en Becerril de Campos y en Paredes de Nava. Muchas obras suyas se conservan en museos y colecciones privadas, así en París (Louvre), Londres (National Gallery), Cleveland, Cincinatti (Ohio, USA), Madrid (Museo Municipal), Barcelona (Fundación Godia), entre otros.
En su estilo, Berruguete, une a las habituales influencias de las corrientes hispanoflamenca dominadora del panorama pictórico castellano en el último cuarto del siglo XV, algunas novedades extraídas del Quattrocento italiano, junto a un excelente dibujo, un color muy limpio, con unos verdes muy característicos y una gran capacidad de realismo, especialmente en sus personajes, lo que ha hecho que sea tenido como el precursor del gran retrato español y el primer pintor renacentista de Castilla.


Alonso Berruguete
Alonso González Berruguete (c.1489-1561) fue el hijo mayor del famoso pintor Pedro Berruguete (+ 1503). Sin embargo, por encima del hecho gremial de llevar a la continuidad el oficio paterno, Alonso alcanzó al entrar en contacto con la realidad italiana, proporcionó una dimensión genial.
Cuando en la década de 1920 el pintor José Moreno Villa decía que Alonso Berruguete no era hijo de Pedro, sino del Laocoonte, estaba poniendo de manifiesto la influencia que la escultura clásica y el aprendizaje de todas las novedades que acontecían en Italia, habían terminado por modelar al artista y a su obra.
El fallecimiento temprano de su padre, provocó que el primogénito emprendiera su carrera formativa con aspiraciones de un aprendizaje de mayor trascendencia, para abordar incluso su patria. En las declaraciones del expediente para ingresar en la orden de Santiago de uno de sus descendientes, el cura de Paredes don Jerónimo Aguilar, de 84 años, decía en 1603, que Alonso Berruguete “se fue mozo de aquí a Roma y a otras partes”, señalando un acontecimiento crucial, que tuvo una decisiva influencia en su trabajo como en su fama posterior.

ALONSO BERRUGUETE. San Jorge (1526-1532). Museo Naciona de Escultura. Valladolid
El viaje, el contacto con los grandes genios que renovaban la creación artística europea, el estudio de las antigüedades y la particular manera de entender las formas, dio como resultado un regreso fructífero en 1518. Alonso Berruguete, primero vinculado a la corte de Carlos I, que había llegado a España el año anterior y después como artista con taller independiente, se asentaba en Valladolid, donde construía su casa palaciega desde la que atendería a una selecta clientela, gravitando entre aquella ciudad y Toledo.
El uso del dibujo, como base de toda la creación, le permitió disponer de un importante grupo de oficiales que le ayudaron a plasmar su obra y a realizar conjuntos de tan extraordinarias dimensiones como el retablo de San Benito el Real de Valladolid o la sillería coral de la catedral de Toledo. Un lenguaje nuevo, un código diferente en las proporciones y en el vocabulario ornamental hizo de su producción una referencia obligada en la creación plástica del siglo XVI.
Berruguete además, cumplió un importante papel en la consideración del artista en la sociedad moderna. Su afán por dignificar la profesión le llevó a disponer de una considerable fortuna y a incorporarse al status de la pequeña nobleza española, adquiriendo la villa de Ventosa de la Cuesta, de la que serían señores sus sucesores, después del infructuoso intento de ser señor de Villatoquite. Una figura singular en fin, que tuvo en Paredes su patria y que es obligado recordar por tratarse de una de las personalidades más insignes del panorama artístico español de todos los tiempos.

ALONSO BERRUGUETE. Virgen con el Niño. Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)
FRANCISCO GIRALTE. Virgen con el Niño
INOCENCIO BERRUGUETE (atr.). Santa Eulalia. Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)

Discípulos de Alonso Berruguete
Alonso Berruguete, a pesar de figurar en mucha documentación como “pintor de su majestad”, fue mucho más alabado por su obra escultórica, sin embargo tuvo seguidores en las dos artes. En el campo de la pintura, Juan de Villoldo (c.1516-1562) es el principal seguidor de Berruguete, hasta el punto que durante años muchas de sus obras han sido atribuidas al propio maestro.
Los escultores Francisco Giralte (h.1510-1576) y Manuel Álvarez (¿1517?-1587) colaboraron con él en la sillería de Toledo y después Álvarez se quedó en la diócesis de Palencia controlando la producción escultórica en la segunda mitad del siglo XVI, mientras que Giralte, tras perder el pleito de la Antigua con Juan de Juni en Valladolid, alcanzó fama en la corte de Madrid. Sus obras más destacadas son el retablo de San Eutropio del Espinar y la capilla del Obispo en Madrid. Estos dos escultores, además del vínculo común con el maestro Berruguete, estaban emparentados, ya que Isabel Giralte fue esposa de Manuel Álvarez.
Inocencio Berruguete (h.1520-1575) se inició con su tío, colaborando con él en las obras toledanas, y posteriormente desarrolló lo fundamental de su trabajo en tierras palentinas y vallisoletanas. Por su parte Esteban Jordán (c.1530-1598), que acabó la reforma del retablo de Santa Eulalia de Paredes de Nava iniciada por su cuñado Inocencio Berruguete, muestra ya el influjo del clasicismo y de Juni en su obra.

MANUEL ÁLVAREZ. Llanto sobre Cristo muerto. Museo Diocesano. Palencia
JUAN DE VILLOLDO. Resurrección de Cristo. Iglesia parroquial. Alba de Cerrato (Palencia)
JUAN DE VILLOLDO. Martirio de Santa Lucía. Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)
ESTEBAN JORDÁN (atr.). Santo Tomás. Iglesia de Santa Eulalia. Paredes de Nava (Palencia)