miércoles, 14 de marzo de 2012

EL HOSPITAL DE LA RESURRECCIÓN

El Hospital General de la Resurrección, estuvo situado al comienzo de la Acera de Recoletos, ocupando un terreno que vendría a ser en la actualidad la casa y calle de Mantilla, y buena parte de la manzana siguiente. El Hospital, uno de los muchos que hubo en la ciudad, no fue sin embargo uno más, sino que fue el más importante junto con el de Esgueva, fundado este último, según dicen, por el Conde Ansúrez y su mujer. Aparte de ser el más importante hospital vallisoletano, ha merecido reputación porque en él localiza Miguel de Cervantes el famoso “Coloquio de los Perros”.

Fotografía obtenida de la web del Archivo Municipal

Como hemos visto, la extensión del Hospital era enorme, pero solamente estaba edificada aproximadamente la mitad del terreno, puesto que el resto correspondía a patios y cementerio. El terreno formaba un polígono irregular, cuya lado Norte, donde se ubicaba la portada principal, daba a la calle del Rastro –actual Miguel Iscar– y hacía una línea quebrada de 67,40 mts.; el lado Sur, también quebrado, lindaba con casas de la calle del Perú y tenía una extensión de 139 mts.; el Este hacía una línea recta de 77 mts., a la calle del Candil –actual Marina de Escobar–; y el limite Oeste ocupaba, en línea recta, 71 mts. de la Acera de Recoletos.
Ortega Rubio refiere –y no coincide en eso con los demás– que la toma de posesión del edificio por parte de la villa se realizo el 5 de abril de 1553, Domingo de Ramos, tras haber obtenido el permiso real (de Carlos I y, su madre, la reina Juana), y con el fin de ubicar en él los hospitales llamados de Canseco y de Los Santos.
Sangrador afirma que el Ayuntamiento pagó 32.000 maravedís a la Cofradia por la cesión del edificio, pero con motivo de su instalación sucedieron diversos incidentes. Tras un acuerdo verbal, y antes de realizar la escritura pública, la villa dispuso el traslado de los enfermos al Hospital, que se efectuó en la noche del 25 de marzo de 1553, tomando posesión de todo el edificio, arrojando a las prostitutas e instalando allí a los enfermos. La mancebía puso pleito por ello al Ayuntamiento, obligándole a otorgar escritura censual en su favor (afirma Sangrador que la Cofradia de la Consolación, poseedora del primitivo edificio, lo tenía dedicado a Hospital, hasta que en el siglo XV recibió de Garcia de Sagredo el derecho de explotar la mancebía, estableciéndose entonces en el mismo hospital, pero en distinto local).

                                                                                Foto obtenida de http://domuspucelae.blogspot.com

                                                                                    Foto obtenida de http://www.valladolidweb.es

Modernamente, Amalia Prieto afirma que fue en 1550 cuando el Concejo adquirió la casa y solar de la Mancebía –que se trasladó a otro lugar– para instalar allí los citados hospitales; a este terreno añadieron otros dos, uno de ellos cedido, igualmente, por el Concejo, que era su propietario; estas adquisiciones se hicieron en 1552. Dispuesta y bendecida la casa al igual que el cementerio contiguo, y antes de comenzar las obras del nuevo edificio, se trasladaron a los enfermos el referido dia 25 de marzo de 1553, pidiéndose al Obispo de Trípoli, abad del Monasterio de Nuestra Señora de la Vega, que diera al Hospital el nombre de la Resurrección.
Adquiridos los terrenos y los derechos, se decidió construir un nuevo edificio. En mayo del miso 1553 se concertaron las obras con Juan de la Vega, maestro de obras de cantería. Las obras dieron comienzo el 15 de mayo. La presencia de este notable arquitecto es un síntoma de relevancia en la significación del edificio.
En sus comienzos, la vida del Hospital de la Resurrección trascurre paralela a la del vecino Hospital de los Desamparados, luego de San Juan de Dios, cuyo administrador era el bendito Mahúdes. Ambos hospitales, según Amalio Prieto, se unieron en 1602, muerto ya Mahúdes.
De 1587 a 1598 el Hospital de la Resurrección estuvo administrado por los hermanos de San Juan de Dios; posteriormente se hicieron cargo de él algunos diputados de la Cofradia de la Resurrección, cuya gestión no fue satisfactoria. A comienzos del siglo XVII los Hermanos de San Juan de Dios, que habían solicitado regentar el de los Desamparados, establecido en 1591, adquirieron también la administración del de la Resurrección. Así funcionaron durante varios años, llamándose la institución “Hospital de la Resurrección y de los Desamparados” y siendo cabecera el primero aunque sus casas y servicios se mantuvieran separados.

                                Hospital de la Resurrección es el nº 6. Mapa de los alrededores del Campo Grande. Madrid. Ministerio del Ejército

En 1616, al decir de Antolinez, los hospitales vallisoletanos se fusionaron en cuatro: Nuestra Señora de Esgueva, Desamparados, San Antonio Abad y el de la Resurrección, que tomó el nombre de General porque absorbió a todos los desaparecidos.
A comienzos del siglo XVIII se efectuaron obras en la iglesia, ya que, según Ventura Perez, “en 1702 se llevó el Santo Sepulcro a su capilla nueva del Hospital de la Resurrección”. Conocemos, sin embargo, el aspecto que ofrecía el Hospital gracias a los planos citados. Aparece como un gran caserón de paramento pobre por la calle de Miguel Iscar en el que sobresale la portada mencionada; en el interior se abre el claustro que parecía espacioso; tras las edificaciones, varios espacios compartimentados por tapias que aparecen corresponder al cementerio –el más cercano a la Acera de Recoletos, en el que se distingue un pequeño templete o capilla y una cruz– y a patios.
En el siglo XIX se suceden las obras de reparación, dado el estado ruinoso del edificio; pero, a causa de su costo, no se resuelve nada, imponiéndose el criterio de la necesidad de su demolición. Ésta se dilataría hasta el último decenio del siglo. En 1861 se revocó la fachada que daba al Campo Grande y se hicieron obras en la tapia de la pared contigua a la iglesia “que cerraba el sitio donde en lo antiguo hubo enterramientos desmontándose una inscripción que había allí para recoger limosnas”.
En 1864, Pedro Gonzalez Moral describe el edificio juzgándolo muy a propósito para su dedicación, amplio y desahogado y además muy bien ventilado debido a su situación. “Tiene un buen patio de entrada, donde está el aljibe, espacioso local para botica, capilla con entrada interior y exterior, sala de escuela, cocina y otras dependencias, todo ello en la planta baja; en la alta, siete magnificas salas en las que pueden caber 300 camas con habitación para los sanitarios”. Su personal estaba compuesto por un visitador de la Junta Municipal de Beneficencia –encargada de la asistencia–, un capellán, un administrador y diez hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, más dos enfermeros, un practicante y un portero-mozo de recados. Las horas de visita eran los martes, jueves y sábados de 9 a 11 y de 4 a 5. Las enseñanzas de medicina y cirugía se hacían en el mismo edificio.

                                                                                    Foto obtenida de http://vallisoletvm.blogspot.com

En el año 1868 se proyectaron importantes obras de ampliación. Los planos habían sido formados por el arquitecto Sesmero. En octubre habían empezado ya, aunque poco después las obras se paralizaron y se suprimió la ampliación del mismo. No obstante, en 1872 todavía se instaló en el Hospital un observatorio astronómico. Ya en 1877 el edificio amenazaba ruina inminente, sobre todo en el ángulo entre las calles del Rastro y el Candil. En abril se pensó trasladar los enfermos al edificio del Manicomio y los de éste al Monasterio de Prado y enajenar el viejo edificio, pero en octubre se planeaba reparar lo ruinoso y llevar a cabo unas mejoras generalizadas: revoque de fachada, construcción de un lavadero, etc. Sin embargo, Alcalde Prieto escribía en 1878 que el edificio, pese a ser notable, había quedado pequeño para las necesidades de la ciudad.
En este último año continúan las obras, pero al tiempo se hacen gestiones para su supresión. En abril ya se había formado una Comisión para la construcción del nuevo Hospital, que, en principio, pensó en situarse en el mismo lugar, pero posteriormente se decidió hacerlo en el Prado de la Magdalena.
A pesar de todo, las demoras se sucedieron y el proyecto se paralizó hasta que Miguel Iscar, en mayo de 1880, hace una propuesta formal para el derribo del Hospital de la Resurrección y la construcción del nuevo edificio. La muerte de Iscar en noviembre de ese mismo año supuso un nuevo retraso en la tramitación; aunque, en diciembre de 1881 se acordó el traslado de los enfermos del hospital de la Resurrección al de Esgueva y en octubre de 1883 se decreta su total derribo, cercándose el lugar con valla de madera.
Llegado el año 1890, se acordó su enajenación, anunciándose, simultáneamente en Madrid y en Valladolid la subasta para la adquisición del edificio y terreno el dia 18 de julio. El derribo comenzó a finales de octubre. El 23 de noviembre La Crónica Mercantil escribía que “… el famoso pórtico del Hospital de la Resurrección está a punto de desaparecer… no podemos menos de llamar la atención sobre la conveniencia de conservar de un modo u otro la mencionada obra de arte… o al menos que los propietarios saquen una fotografía en la inteligencia de ser agradecido tan insignificante sacrificio por todos los amantes de las artes y de la historia y tradiciones de nuestro pueblo querido”. En enero de 1891 el derribo estaba a punto de terminarse, desmontándose con especial cuidado la portada, ya que se pensaba colocar en otro lugar.

                                                                  Situación del Hospital de la Resurrección en el Plano de Ventura Seco

A continuación vamos a comentar algo sobre las obras de arte que contenía dicha institución, que si bien no fueron muy numerosas, si que algunas deben destacarse, ya sea por su calidad o porque en la actualidad se conservan.
Lo primero sobre lo que habría que hablar es el edificio en sí, edificado como se ha dicho por el prestigioso arquitecto Juan de la Vega. Prestigioso, porque tenía un buen curriculum: había tomado parte en la construcción del monasterio de San Claudio de Leon, en la Colegiata de Villagarcía de Campos y sobre todo en la Plaza Mayor de Valladolid. En el hospital se ocupa de la iglesia, realizada con piedra de Castronuevo, labrándose la fachada con buena cantería. Conocemos el aspecto de la fachada por un dibujo de la Historia de Valladolid, de Antolinez de Burgos, pero sobre todo por una fotografía sacada poco antes del derribo. Además, y como ya se ha ducho, se salvo la parte superior de la fachada, hoy instalada en el jardín de la Casa de Cervantes.

                                           Fachada del Hospital Dibujo de Ventura Pérez para ilustrar la "Historia de Valladolid" de Antolínez de Burgos

Esta fachada ofrecía una solución vertical, rematada en frontón. No tenía más hueco que la portada. Esta era almohadillada, con arreglo a un modelo manierista florentino. Es solución que se ve en otros edificios vallisoletanos de la época. Se remata con un entablamento decorado con triglifos y rosetas. Encima viene la fecha de 1579, que conviene a la obra. En la hornacina se alberga la estatua de Cristo Resucitado, de tamaño natural y labrada en piedra caliza de buena calidad. El manto queda separado del cuerpo, lo que acredita a un buen maestro. El paño de pureza se mantiene abierto. Lleva nimbo radiado y banderola de hierro. Sin que sea posible formular atribución, puede decirse que es una de las pocas esculturas vallisoletanas del Renacimiento de tipo monumental.


La iglesia poseía un lúcido retablo mayor. Allí estaba la pieza artística más valiosa del templo: el cuadro de la Resurrección, obra de Juan Pantoja de la Cruz. Lo sabemos porque lo vio Ponz en este emplazamiento. El lienzo está firmado y fechado en 1605. Pantoja de la Cruz, como pintor del Rey, se estableció en Valladolid al venir la Corte. La pintura tiene un notable interés, ya que constituye uno de los más representativos documentos de la aportación española al naturalismo tenebrista. Pantoja tuvo bien en cuenta el emplazamiento. Cristo, ya resucitado, aparece suspendido en el aire, envuelto en una gran aureola luminosa, que permite advertir el estupor de los soldados que contemplan atónitos el prodigio. El efecto sería sorprendente. El lienzo es grande debido a la necesidad de gozar de una buena contemplación (2,50 X 1´67 m.). Actualmente se encuentra en las escaleras del patio del Palacio de Pimentel, sede de la Diputación. El dorado del retablo se retrasó hasta 1720, según comenta Canesi.


En el hospital residieron algunas cofradías, entre ellas la del Santo Sepulcro, que según Canesi terminó en 1672 de construirse capilla propia y celebraron la colocación de Cristo en el Sepulcro. Posteriormente, el 3 de agosto de 1719 se realizó escritura entre la cofradía y los ensambladores Juan y Pedro Correa, padre e hijo, para realizar el retablo para supradicha capilla del Santo Sepulcro. El precio del retablo ascendió a 3.000 reales, y debía de estar acabado en el año 1720. Se trataba de un tipo de retablo expresamente concebido para el Cristo Yacente que poseía la cofradía, como es muy frecuente en la tipología del retablo. Tenemos un caso parecido en el retablo del Cristo de la Buena Muerte, en la iglesia de San Miguel. Se daba predominancia a la urna en que se situaba el Cristo en el sepulcro. Este Cristo Yacente se encontraba en la nueva capilla desde 1702, pues da cuenta de ello Ventura Perez:
En 6 de Agosto de 1702 se trasladó el Santo Sepulcro a su capilla nueva en el real hospital de la Resurrección de esta ciudad: salió la procesión de dicho hospital con una cruz delante; iba la congregacion, la cofradía sacramental y su cofradía: llevaban el Santo Sepulcro seis capuchinos, otros ocho capuchinos el palio; estaba en la capilla el dia siguiente el Santísimo Sacramento patente; hizo la fiesta, el primer dia, la cofradía; el segundo, loa congregacion de los pobres; el tercero, la ciudad; predicó a la ciudad el P. Velázquez; le pusieron una silla en el pulpito pero no se sentó sino a el Ave-Maria, por estar malo con erisipeles. Concluidas las fiestas hubo toros, y fueron tan bravos, que no les pudieron torear y los mataron a balazos; y de estos quedó el nombre de los toros del Santo Sepulcro”.
Por suerte el retablo aún se conserva. Está situado en la iglesia de la Magdalena, en el lado del evangelio, a la altura del crucero. Si bien se conserva en un buen estado, falta la imagen titular del mismo, ocupada actualmente por una escultura de la Magdalena, que sigue la iconografía de Pedro de Mena. A modo de anécdota, señalar que el Cristo yacente salió hace algunos años en las procesiones de Semana Santa, acompañado por la Cofradía de la Pasión, que por entonces tenía su sede en esta iglesia.


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José; El arte en los hospitales de Valladolid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Valladolid, 198?.
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia; Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1981.

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