viernes, 8 de noviembre de 2013

ESCULTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Antonio Vaquero Agudo (1910-1974)


Hacía ya mucho tiempo que venía buscando noticias sobre Antonio Vaquero, un escultor que me encantaba desde que vi su estatua de los Reyes Católicos. Realmente puedo decir que es de los pocos a los que verdaderamente admiro. A pesar de la gran calidad que reviste sus obras es un escultor semi-desconocido para el público en general. Por suerte para mí, hace no mucho pasé por la calle Miguel Iscar y vi un cartel que anunciaba una exposición sobre él en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Desde aquí espero contribuir con este pequeño homenaje a levantar la memoria de este gran escultor e imaginero. Si conoceis alguna obra suya más os ruego me lo comenteis. Gracías!! También deciros que no os perdais la exposición, merece mucho la pena, los horarios los podeis ver en la foto del cartel.
Antonio Vaquero Agudo fue uno de los escultores más dotados y personales del panorama plástico vallisoletano. Formado en el taller local del prestigioso escultor Ramón Núñez, junto a otros jóvenes valores de la época como José Luis Medina, Baltasar Lobo o Rafael Sanz, sus obras, alargadas y manieristas, manifiestan su deseo idealizado de superación.
Comenzó diciéndose de él que, entre los artistas presentes en la primera exposición local a la que acudió con 18 años, era “el mejor orientado y el más hábil técnicamente”, reconociéndosele entonces como “escultor joven, estudioso y que se orienta, después de un cuidadoso estudio del natural, hacia nuevas concepciones, afinando su técnica para doblegarla a su fina sensibilidad”. En efecto, el tiempo acabó dando la razón a aquel crítico de arte pues, cuando Vaquero falleció, otro crítico, Antonio Corral Castanedo, recordaba que el escultor “no desdeñó nunca en sus obras la modernidad” y que “llevó hasta ellas, bien seleccionadas, bien comprendidas –no por alarde, sino cuando realmente la habían cautivado y concebido– los últimos hallazgos, las últimas búsquedas, los últimos descubrimientos”.
A su labor escultórica unió la docente. Como Profesor y Director de la Escuela de Artes y Oficios ha ejercido gran influencia en la generación posterior de escultores de Valladolid. Entre sus discípulos contamos con Leopoldo del Brío (1945, La Parrilla, Valladolid), Rafael Isla Sanz (1942, Tudela de Duero, Valladolid) o la gran Ana Jiménez López (1926, La Coruña).

Antonio Vaquero con Francisco de Cossío (28-XII-1954)
Cuando en una ocasión García Platón le preguntó cómo era su estilo, le confesó haber “querido hacer una cosa actual uniendo mi arte a la tradición que aquí existe”, de ahí que el citado Corral señalase que nunca renunció “a su estilizado y hondo clasicismo; a ése su profundizar en lo más vivo y humano de la arcilla, de la madera o del mármol, para despertar sus inquietudes más líricas, más austeras y más sinceras”.
Se sentía muy feliz siendo escultor pero reconocía que, como tal, “no había tenía ningún relieve” si se comparaba con su admirado amigo Lobo, “uno de los más importantes escultores de Europa”. Siempre se sintió descontento con el resultado de su obra, incluso, al final de sus días, en un arrebato de pesimismo, confesaba que “destruiría todo lo que ha hecho”, considerándose “el mayor enemigo de mis esculturas”. También pensaba que habría “podido ser más de lo que soy, que no soy nada” pero que, al regresar a Valladolid después de su etapa formativa en Madrid, se encontró con que su ciudad no era “el mejor sitio para estas cosas del arte”, por falta de ambiente artístico: “Tenía que haberme marchado, como Lobo, y no volver” y solo así podría haber hecho “una obra más auténtica, más mía”.

Antonio Vaquero en la entrega de la Medalla Nacional

BIOGRAFÍA
Antonio Vaquero Agudo nació en Valladolid el 7 de octubre de 1910. Sus padres, Ramón Vaquero Aznar y Enriqueta Agudo Roca, le dieron otros tres hermanos: Rafael, José Ramón y María Antonia. El matrimonio vivía por entonces en la c/ José María Lacort, nº 26, 2º. La familia paterna, originaria de Alcora (Castellón), se había dedicado desde el siglo XIX al comercio de quincalla, loza, cristal, cuadros y molduras en sus establecimientos de Fuente Dorada y Ferrari. En el local situado en los soportales de Fuente Dorada se abriría después la famosa librería Santarén.
El padre de Antonio practicaba el dibujo y la acuarela, y su abuelo era un magnífico dibujante, de ahí que sus principios fuesen titubeantes entre la pintura y la escultura, por la que también se sentía atraído.
Finalmente decidido por la escultura, en el año 1920 se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, centro dirigido por entonces por el escultor Ramón Núñez. En ella curso seis años de Imaginería, Modelado y Vaciado, obteniendo las máximas calificaciones y premios extraordinarios. Al mismo tiempo cursó por libre los cuatro cursos de bachillerato, según el plan de 1914, en el Instituto General Técnico.

Antonio Vaquero estudiando
Pensionado, mediante oposición, por la Diputación Provincial, se trasladó a Madrid en 1926 para continuar sus estudios en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, donde cursó los de Escultura con Miquel Blay y Miguel Ángel Trilles, así como los de Profesorado, finalizándolos en 1930. Por entonces acudió también a la Escuela de Artes y Oficios de la capital y consiguió sobresaliente en “Talla de piedra”. En San Fernando ganó, igualmente por oposición, tres premios: el de la Fundación Álvarez Pereira, el premio Madrigal y el Aníbal Álvarez, además de cinco diplomas de mérito, concediéndole el Ministerio de Fomento el último año una subvención para ampliar estudios por España.
En la citada Escuela de Bellas Artes de Madrid hizo amistad con Cristino Mallo (hermano de la pintora Maruja Mallo), Juan de Ávalos, Zabaleta y Baltasar Lobo. Con este último, siendo estudiantes ambos en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, ayudó a Ramón Núñez en la estatua del Corazón de Jesús que corona la torre de la Catedral. Otras personalidades con las que entabló amistad fueron el escultor Alberto Sánchez (de quien decía que como era panadero, sus esculturas parecían “riches”), y Victorio Macho (años después, quedarían siempre en la estación de Valladolid para comer juntos cuando Victorio pasaba hacia Palencia).
Una vez finalizados sus estudios, empezó a trabajar para concursos y encargos. En 1930 obtuvo dos primeros premios en un certamen organizado por el Ayuntamiento de Valladolid (según se dice en la propuesta de la Alcaldía para conceder al escultor la Medalla de Plata de la Ciudad, en 1956).

Antonio Vaquero en una excursión con alumnos y profesores de la Escuela de Artes y Oficios
Alistado en el reemplazo de 1931, un año después se incorporó al Regimiento de Infantería de San Quintín nº 32, en Valladolid, del que fue licenciado aquel mismo año por ser soldado acogido al capítulo XVII. De regreso a Madrid, en 1934 se matriculó de nuevo en San Fernando para cursar colorido, dibujo científico y ornamentación, así como en métodos y procedimientos de enseñanza del dibujo y del arte en los centros de enseñanza primera y secundaria del extranjero. El título de Profesor oficial de Dibujo se le expidió el 20 de mayo de 1936, año en el que también obtuvo, por oposiciones, la plaza de Profesor de dibujo del Instituto General y Técnico. Fue entonces cuando tuvo clara su vocación docente.

Titulo oficial de Profesor de Dibuujo
Al estallar la Guerra Civil vivía en una pensión, con pocos medios, y por consejo de sus amigos se alistó en el ejército republicano. Daba clases de topografía y dibujo a los oficiales y generales. Él mismo contaba que lo pasó muy mal, puesto que ni siquiera sabía disparar. Poco después volvería a Valladolid, donde trabajó entre 1936-1944 como Auxiliar Temporal de la asignatura de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y, al año siguiente, recibió el nombramiento de profesor Auxiliar Numerario de la misma materia, pasando, en 1948, a profesor Numerario de Entrada, a la vez que desde 1946 se encargaba del Taller de Imaginería de la Escuela.
En oposición libre, obtuvo plaza en 1950 como profesor de Término, con destino en la Escuela de Santa Cruz de Tenerife (por aquellas fechas obtuvo la misma plaza, pero en la Escuela de La Coruña, el escultor Ángel Trapote); sin embargo, aquel curso marchó a prestar sus servicios temporalmente, como agregado, a la Escuela de Corella (Navarra), en la enseñanza de Modelado y Vaciado, desempeñando también la dirección de aquel nuevo centro, cuya organización puso en marcha debido a su experiencia como secretario de la escuela vallisoletana durante los años 1945-1950. En este último año contrajo matrimonio, en Santander, con María Teresa Vizán Duque, natural de Medina del Campo, maestra nacional de la escuela aneja a la Normal de Valladolid. El matrimonio no tuvo descendencia.

Reintegrado a su destino de Santa Cruz de Tenerife en 1952, pudo participar del éxito alcanzado por aquel centro académico en la II Exposición Nacional de las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos, celebrada en Barcelona, en la que consiguió 3ª medalla. En Canarias permaneció hasta 1955 en que accedió, por concurso de traslado, a la plaza de profesor de Término de la Escuela de Valladolid.
Revocado tal acuerdo ministerial a favor del profesor Ángel Trapote Mateo, con el consiguiente disgusto se le destinó a  La Coruña, en cuya Escuela se mantuvo hasta 1962 cuando, de nuevo por oposición libre, obtuvo plaza de profesor de Término de la asignatura “Imaginería Castellana” en la Escuela vallisoletana. De este centro sería nombrado director en 1969, desempeñando el cargo hasta su fallecimiento.

Antonio Vaquero en El Escorial junto a otros profesores y alumnos de la Escuela de Artes y Oficios
Al frente de la Escuela vallisoletana llevaría a cabo una gran labor, consiguiendo las nuevas instalaciones en su actual emplazamiento de la calle Leopoldo Cano. Bajo su dirección y cuidado se inició en 1948 una serie de publicaciones de arte, como complemento a las enseñanzas prácticas y para mayor estímulo de la formación estética de los alumnos, habiéndose editado las monografías dedicadas a Alonso Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández, que tuvieron una efímera continuación.
En Valladolid, siendo muy joven, tuvo su primer estudio en la c/ General Almirante, enfrente de la casa de Alonso Berruguete, después, en los años cincuenta se instaló en la avenida Ramón y Cajal nº 12, y, en 1967 construyó el definitivo en la calle Trafalgar, estudio que hoy disfruta la escultora Belén González. El domicilio familiar estuvo durante muchos años en el Paseo de España, nº 17, y más tarde, en los años setenta, en el nº 20 de la calle Panaderos, donde después de una larga y penosa enfermedad falleció a los 63 años, el 2 de abril de 1974.

PERSONALIDAD
Un testimonio, el de Eloísa García de Wattenberg, le definía como “hombre inteligente, afable, comprensivo, entrañable, trabajador y, sobre todo, de buen amigo”. Todos los que le trataron subrayan que era un hombre de conducta ejemplar, profundamente religioso, de trato de lo más afable, siempre pronto a la risa franca y a la opinión sincera; discreto, sencillo, espontáneo, sin excesivas ambiciones, “su modestia le hizo huir de toda ostentación y publicidad”; con cierta dificultad para expresarse, “modelaba con precisión sus palabras y sus ideas, tocadas siempre de trascendencia y de humor”. De físico agradable, elegante en sus modales, culto, gozó siempre de la simpatía de la sociedad vallisoletana de la época porque le reconocía como “un hombre de provincias que ha triunfado en la capital de España”.

PREMIOS
Su carrera, iniciada oficialmente en 1928, cuando la Real Academia de Bellas Artes Provincial le otorga 1ª Medalla en la Exposición Castellana organizada aquel año, se consolidó en 1954 al recibir el accésit del Premio Nacional de Escultura. En 1955 se produjo su consumación como gran artista, gracias a la concesión de la 1ª Medalla del Premio Nacional de Escultura con el proyecto de Monumento a los Papas Luna, para Játiva. En 1956 se le encargó la restauración de la escultura medieval de Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid. Todos estos premios, símbolo de que había “conquistado extraordinario renombre” en España, sumado a la magnífica restauración efectuada a la Patrona, llevaron al Consistorio vallisoletano a concederle ese mismo año la Medalla de Plata de la ciudad. El premio reconocía “el gran prestigio que ha dado con sus obras a nuestra ciudad y a la provincia de Valladolid”.

Medalla de Plata de la Ciudad (1956)
En 1958, creyéndose provisto de suficientes méritos, se decidió a ingresar como Académico de número, en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, para la que había sido elegido doce años antes, aunque su discreción le hizo declinar la lectura del discurso. En su lugar entregó la escultura titulada Cabeza de adolescente.

ESTILO. CARACTERÍSTICAS E INFLUENCIAS
Su obra, no demasiado amplia, se encuentra en muchos puntos de España y sobre todo en Valladolid, permaneciendo su quehacer en la línea de los célebres imagineros que dieron tan alto nombre a la Escuela Castellana. La Academia; la antigua Casa Sindical; el Instituto Médico Psicopedagógico; la iglesia de San Antonio de los Padres Franciscanos; las Dominicas Francesas; la iglesia de Santo Domingo de Guzmán; las Dominicas de la Anunciata; las Madres Carmelitas y los Hermanos del Corazón de María tienen escultura suyas, de variada iconografía, realizadas en piedra o madera. Otras se reparten en Aguilar de Campoó, Saldaña, Santander, o Cáceres.

Pese a la profusión de obra de tema religioso, Vaquero se sentía más a gusto eligiendo libremente los temas, si bien es cierto que no tuvo ocasión de hacerlo muchas veces. La época en la que vivió, y el hecho de vivir en una provincia, no favorecieron el que expusiera en galerías de arte, con obras de repertorio, sino que realizara encargos o concursos. Probablemente por esa misma circunstancia ha sido casi olvidado, fuera y dentro de Valladolid, donde poco a poco vemos desaparecer sus obras: el Monumento a la División Azul fue retirado hace unos años de su emplazamiento; el Monumento a los Reyes Católicos ha sufrido varios cambios de destino, además de sufrir durante años la verdea de humedad y musgo. El gran relieve del vestíbulo de la antigua Casa Sindical, en la Calle Dos de Mayo, está semisepultado entre bancos y tablones de anuncios en perfil de aluminio. La naturaleza y la desidia siempre son más fuertes que los punteros y las gradinas.
Su producción se caracteriza fundamentalmente por tres singularidades:
  • El interés por la figura humana. En contadas ocasiones trata temas animales, vegetales, o paisajísticos.
  • La utilización preferente de la piedra y la madera como materiales. Pocas veces recurre al bronce, hierro u otros materiales.
  •  Sus esculturas suelen tener unas proporciones muy alargadas, emparentado de esta manera con la obra de El Greco, Modigliani y Giacometti, otros tres artistas que, como él, sintieron el valor de la clasicidad latina como presupuesto estético de partida para su obra. Con este alargamiento del canon busca una mayor espiritualidad de las figuras y un acento de elegancia.
Fotogafía tomada de http://www.funjdiaz.net/
Antonio Vaquero siempre dijo no ser discípulo de nadie. Aún así, siempre recordó con cariño a su profesor Ramón Núñez, reconoció su respeto por Victorio Macho, lo mismo que por Julio Antonio, aunque no lo declarase, al menos en sus comienzos, mientras que en la década de los cincuenta consideraba a Josep Clará “como el más estimable del momento”. Pero, preguntado sobre qué autores le interesaban más para su obra, contestó: “Los del período gótico, cuya escultura es anónima en su mayoría, excepto la escuela francesa. Para mí son los más expresivos y en ellos encuentro más inspiración”.
Nunca quiso parecerse ni estar vinculado a ningún maestro español, pero la obra de Giacomo Manzú o de Marino Marini suscitaba su admiración, tan clásicos y modernos al tiempo y, por encima de todos, la figura de Donatello. Las ideas estéticas de ambos escultores llamaban poderosamente su atención: unas ideas estéticas muy alejadas de lo que se considera hoy que fueron vanguardias escultóricas en España, Julio González y Pablo Gargallo, por ejemplo, o Henri Moore en el ámbito exterior.
También las figuras del escultor vallisoletano reflejan esta intención de sobriedad y de estilización que no se contradice en nada con el esquema de los italianos, sino que, paradójicamente, con quien contrasta es con los ejemplares escultóricos de tradición barroca que en los años de desarrollo profesional de Vaquero inundan el entorno castellano, y aún más, el vallisoletano.
A pesar de que no le gusta hablar mucho de sí mismo, llegó a decir: “no soy muy académico”. Este comentario nos pone sobre la pista de esta lejanía, intencionada, o ineluctable, que siente hacia las corrientes tradicionalistas de Castilla. “Pretendo que [mi escultura] sea lo más actual posible… Esto parece muy poco, pero es un deseo muy ambicioso”, le dice a Félix Antonio González en una entrevista de 1956.

Fotogafía tomada de http://www.funjdiaz.net/

PRIMERAS ESCULTURAS
Sus primeras obras tienen como protagonistas a los bustos y cabezas. Así, por ejemplo tenemos el Busto del niño Baltasar Lobo (Yeso. 1923. Paradero desconocido), una Cabeza de Castellano (Yeso. 1928. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción) o la Cabeza de Adolescente (Piedra Rosa. 1942. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima). Mientras que con la Cabeza de Castellano, donada  a la Academia por la viuda el artista, obtuvo la Primera medalla en la Exposición Castellana organizada por la Real Academia de Bellas Artes Provincial, con la Cabeza de Adolescente selló su ingreso en la referida Academia. Una artículo de la época describía muy gráficamente esta última obra: “Bella cabeza adolescente e infantil. Cara unipersonal, en apariencia, recordaba más bien un fragmento de estatua, recién salida de una excavación del Cerro de los Santos o de Mérida, medio ibérica, medio romana. En el fondo de estas pupilas, de este bello y enigmático rostro, ha expresado, sin embargo –queriendo o sin querer–, algo de la aridez y de la nostalgia inconmensurable de esas tierras –plenas e inmensas–, de los barbechos y de las rastrojeras de Medina de Rioseco, de Valoria la Buena, de la Mota del Marqués, de Nava del Rey, de Arroyo de la Encomienda –veo aún la hermosa mano morena de la muchacha labradora que nos señalaba, a lo lejos, el camino de cera y de añil–, de Simancas, archivo del Imperio”.
Otra obra de estos inicios, y de la cual desconocemos su paradero, es el relieve del Bautismo de Cristo (Yeso. 1931). En él aparecen representados San Juan Bautista y Cristo en el momento del bautizo de este último. A los extremos del relieve aparecen dos personas en posición orante. Personalmente me recuerda mucho, estilísticamente hablando, al arte griego.

Busto de Baltasar Lobo niño (1923)
Cabeza de Adolescente (1942)
Cabeza de Castellano (1928)
Bautismo de Cristo (1931)
OBRAS IMPORTANTES
PIEDAD (Santander, Cripta de la Catedral. 1943)
Obra sumamente pesada (2.300 kgs.) realizada en Piedra de Novelda. Fue encargada por el Ayuntamiento de Santander como monumento a los caídos en la Guerra Civil. Calificada por su autor como una “reproducción” de la Quinta Angustia de Gregorio Fernández conservada en la parroquial de San Martín de Valladolid. Sin embargo, no es una reproducción exacta ni hecha en el mismo material, además de ser algo menor que el original y mayor que el natural; su rostro es más clásico y los pliegues más flexibles. Policromada, contra su parecer: “creo que al policromar la piedra se resta calidad a la escultura”.

Piedad (1943). Fotografía tomada de internet
VIRGEN DE LA VERA CRUZ (Cáceres, Iglesia de San Mateo. 1953)
La escultura, realizada en madera de pino policromada, fue encargada, a su costa, por el párroco de la iglesia de San Mateo, y cofrade de la Cofradía de la Cruz, Santiago Gaspar. Se trata de una réplica de la escultura original de Gregorio Fernández que se conserva en la iglesia penitencial de la Vera Cruz de Valladolid. Introdujo variantes: los pies calzan sandalias, están desnudos en parte; las manos son de mayor delicadeza y finura, más femineidad en la figura. Sentada sobre unas peñas. En la policromía le ayudó el pintor Fidel Giralda.
El Dr. Luis de Castro en un artículo publicado en 1953 comentaba sobre la imagen de la Virgen: Vaquero “ha seguido la fidelidad de Fernández; y es por lo que Cossío, con gran razón, ha calificado a esta obra de réplica y no copia. Vemos en la cara de esta obra de Vaquero una cierta conjunción de Gregorio y de Juni y los pies calzados con sandalias están más a tono con la realidad”. La imagen salió en procesión por primera vez el 3 de mayo de 1953, “escoltado por las damas de la Cruz vestidas con la clásica y españolísima mantilla”.

Virgen de la Vera Cruz (1953) Fotografías tomadas de http://cofrades.hoy.es/photo/albums/quinario-dolorosa-de-la-cruz

VIRGEN DE SAN LORENZO (Valladolid. Iglesia de San Lorenzo. 1956)
Se trata de una réplica, a menor tamaño, realizado para la cofradía. En la actualidad se halla en la calle, en una pequeña hornacina situada en la parte baja de la torre.

Réplica de la Virgen de San Lorenzo (1956)
ESCULTURAS PARA LA IGLESIA DE SAN ANTONIO (1960-1965)
Existe un lugar en Valladolid donde se agrupan un gran número de sus obras. Se trata de la iglesia franciscana de San Antonio de Padua, en el Paseo Zorrilla. Su primera obra para este templo fue la Cruz y cordón franciscano (1960) que pende de la fachada de la iglesia. En 1961 realiza un gran lote de esculturas: el Sagrado Corazón, situado en el altar de la Epístola; la Inmaculada, en el del Evangelio; y un relieve representando a San Francisco de Asís y el hermano Lobo. El remate, escultóricamente hablando, llega en el año 1965 con la realización de un San Antonio de Padua, titular de la iglesia, para el altar mayor.
La Inmaculada, realizada en piedra de Novelda, es “de bellos rasgos. Suavemente modelada, en partir en cara, manos y pie… da una sensación de ingravidez, a lo que contribuye, con esa sensación de modelado, la de los pliegues de la túnica y manto. La escultura es una armónica conjunción de rasgos clásicos y otros modernos…”. Se conserva el modelo en yeso para el sacado de puntos. El relieve de San Francisco y el hermano Lobo posee un gran encanto y elegancia. También se conserva el modelo en yeso para sacado de puntos. La gigantesca imagen de San Antonio de Padua, que preside el altar mayor, y del cual también se conserva el modelo en yeso, “tiene ternura y majestad. Su ingrávida, maravillosa manera de tener al Niño resulta una solución sorprendente… la ingravidez preside toda la obra: San Antonio semeja poder andar por el aire. Ni el Niño le pesa ni él parece pesar, tal es el aliento que los sostiene… Magnífica la talla, magnífica la policromía”. Según Jesús Urrea, esta escultura “puede inscribirse en el mundo de las formas que vuelan”.

Cruz y cordón franciscano (1960)
Sagrado Corazón (1961)
Inmaculada (1961)

Boceto de la Inmaculada
San Francisco de Asís y el Hermano Lobo (1961)
Boceto de San Francisco de Asís y el Hermano Lobo
En la exposición dedicada al escultor se conserva un modelo en yeso para sacado de puntos de un San Francisco de Asís. Por otra parte en el año 1961 el escultor dice tener comenzados “un frontal, un San Antonio y un San Francisco para los RR. Padres Franciscanos”. Además de todo ello, se conservan tres bocetos, totalmente diferentes entre ellos, sobre la realización de un altar a San Francisco. En uno de ellos la escultura es bastante similar al presente modelo de yeso. También es verdad que en la iglesia de San Antonio de Padua existe una escultura prácticamente idéntica a la del tercer proyecto de altar a San Francisco, y que sigue, a grandes rasgos, los San Franciscos realizados por Gregorio Fernández y Pedro de Mena. Quedan dos dudas: ¿el modelo en yeso al final se llevó a cabo?, y ¿la escultura que sigue la tipología de Mena fue realizada por Antonio Vaquero?.

San Francisco. Modelo en yeso
Los tres proyectos para el altar de San Francisco
San Francisco de Asís según el modelo de G. Fernández y P. de Mena
MONUMENTO CONMEMORATIVO DEL MATRIMONIO DE LOS REYES CATÓLICOS (Valladolid, Jardines del Palacio de Congresos Conde Ansúrez. 1968-1969)
El monumento, teñido de claras implicaciones políticas, y su inauguración constituyó uno de los puntos culminantes de una serie de actos festivos (Día de la Hispanidad; festejos populares; representaciones teatrales, cabalgatas, alegóricas, etc.) y culturales, alguno de estos últimos de cierta trascendencia por la investigación histórico-artística del período, como la Exposición Nacional, documental e iconográfica, sobre la época de los Reyes Católicos celebrada en el Museo Nacional de Escultura.
Este proyecto se había concebido como una fuente-escultura. La fuente, hoy desaparecida, era diseño de Balmori, y venía a complementar el grupo de los Reyes, elevado sobre pedestal, realizado por Vaquero. Estaba constituida por tres bandejas cuadradas, realizadas en piedra de Campaspero, la central desplazada hacia la parte izquierda del basamento, cuya superposición escalonada permitía el fluir ininterrumpido del agua de una a otra bandeja –expresión del eterno fluir de la Historia–, hasta caer en un estanque de borde recto en dos de sus lados y curvado en los extremos izquierdo y frontal.
El grupo de los Reyes Católicos se levantaba sobre un basamento cúbico de granito. Vaquero realizó en piedra de Sepúlveda un monumento pleno de elegancia y estilización. El boceto en yeso de los Reyes, de 1,25 metros de altura, se conserva hoy en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, habiendo sido donado en 1986 a dicha Institución por la viuda del escultor.
Tanto monta. Monta tanto (1969)

MONUMENTO A LA DIVISIÓN AZUL (Paradero desconocido. 1974)
En 1970 el Ayuntamiento de Valladolid encargó a su Sección de Arquitectura un proyecto de monumento que debería de haber tenido forma de obelisco. En 1971 se concretaron las características del mismo (hormigón armado y granito); finalmente se encomendó al escultor Vaquero “un proyecto de monumento… que se terminará de pagar con cargo al superávit de 1973”.
El monumento poseía un significo importante dentro del contexto político de la Dictadura y, por ello, también degradado y deteriorado hasta su retirada definitiva. El monumento, emplazado en los Jardines del Cuatro de Marzo, consistía en un bloque rectangular prismático en piedra de Campaspero con delicados y estilizados relieves de carácter simbólico alusivos a los “voluntarios” españoles de la campaña alemana en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Estos relieves, modelados y vaciados en escayola por Vaquero, fueron llevados a la piedra por el sacador de puntos Fernando Chicharro, pues el escultor falleció en el transcurso de este trabajo.

Monumento a la División Azul (1974)
LA VIRGEN ENTREGANDO EL ROSARIO A SANTO DOMINGO (Valladolid. Dominicas Francesas. 1958)

PANTEÓN DE LA FAMILIA RODRÍGUEZ SANMARTÍN (Fuentes de Nava (Palencia), Cementerio Municipal. ¿1959?)
Se conserva modelo en yeso para sacado de puntos. “Un ángel como en ingrávida suspensión que, entre sus manos, cruzadas sobre el pecho, sostiene una dorada cruz. El ángel viste una severa túnica, sobria en pliegues, y por bajo de cuya orla asoman los pies desnudos. La cabeza angélica se destaca sobre un halo y toda la figura, limitada lateralmente por unas alas geométricas, resalta en un fondo de forma lanceolada, de dos metros de altura y uno de ancho”.

Proyecto para el Panteón

SAGRADA FAMILIA (Valladolid, Hermanos de San Juan de Dios. 1960)
Se trata de un altorrelieve realizado en piedra rosa de Sepúlveda. “En la composición se da preferencia al Niño Jesús, figura central del grupo, con la túnica finamente policromada con el fin de exaltar aún más la figura, a la que se ha dado el mayor relieve hasta el punto de haber quedado casi exenta. En torno suyo, compuestos en planos inferiores, las figuras de la Virgen y de San José, éste en último plano”.

Sagrada Familia (1960)
Boceto en yeso
NIÑA DE LAS PALOMAS (Valladolid, Colección Pérez González. 1962)
Realizado en piedra de Campaspero para el interior de la desaparecida Cafetería Risko en Valladolid (c/ Santiago esquina c/ Héroes del Alcázar, 2).
Niña de las Palomas (1962)

VIRGEN MILAGROSA (Paradero desconocido)
La imagen fue realizada en piedra. Se conserva el modelo en yeso para sacado de puntos.
Virgen Milagrosa
CRUCIFIJOS
En el haber de Antonio Vaquero hay algunos crucifijos, todos ellos denotan cierta influencia de Donatello. Existen ejemplares en el Colegio del Sagrado Corazón (MM. Dominicas de la Anunciata), en el Colegio de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, y en el Colegio de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. Finalmente, fuera de Valladolid hay otro ejemplar en la Residencia de las Hijas de Santa María de la Providencia (Hermanas Guanelianas) en Aguilar de Campoo (Palencia).

Crucifijo de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán
VIRGEN DE LA CANDELARIA (Saldaña (Palencia). Misioneros Combonianos. 1960)

SANTA CLARA (Paradero desconocido)

RELIEVE DE LA VICTORIA SINDICAL Y OTROS TRABAJOS (Valladolid. Antigua Casa Sindical)
Los relieves representan, además de a la Victoria Sindical, a otros trabajos agrícolas y fabricas. La figura alada de la Victoria Sindical presenta cierta relación con otras Victorias del Monumento a los Caduti di Mentana en Milán, obras de Giselli.

La Victoria Sindical

RELIEVES DE LA VIRGEN CON EL NIÑO  Y ÁNGELES (Valladolid. Iglesia de San Mateo)
Realizados en piedra caliza. Se sitúan en la parte superior de la fachada.

PROYECTOS DE MONUMENTOS
Uno de los grandes apartados de la obra de Vaquero son los proyectos de tumbas o monumentos, muchos de los cuales no se llevaron a cabo, por haber ganado otras personas los respectivos conjuntos, o bien han desaparecido.
Cronológicamente, el primero es el Proyecto para la tumba del general Severiano Martínez Anido (1940). No lo llevó a cabo pues el proyecto ganador fue el del escultor conquense Luis Marco Perez. El proyecto de Vaquero constaba “en su cabecera un hombre y una mujer; ella sostiene una cruz y él una espada. Las piernas se doblan, esta vez de tristeza. Es el mausoleo de un general. Una curva de escalones invita a subir silenciosamente, y unos platos esperan que alguien prenda en ellos una luz. En esa obra se va acercando Vaquero a lo que hoy es un escultor de influencia italiana”.

En 1954 realiza un anteproyecto de Monumento a la Inmaculada (1954) con el cual consiguió el accésit/2ª Medalla nacional de Escultura en el concurso convocado por la Dirección General de Bellas Artes con motivo del Año Santo Mariano. El arquitecto Secundino Zuazo, miembro del jurado, “elogió en ella el sentido arquitectónico, a base del arco ojival gótico, pero dejando margen a las tendencias modernas dentro del estilo tradicional religioso”. Según su autor, el conjunto “está basado en un arco ojival, resuelto de un modo moderno. Un gran escalinata centra el pedestal de la imagen”, deseaba que se hiciese en Valladolid.

Otro proyecto que le reparó éxito, quizás el mayor de su carrera, fue el de Monumento a los Papas Calixto III y Alejandro VI (1955). El concurso tenía como objeto el realizar un Monumento a los dos Papas Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en la localidad de Játiva. Vaquero se alzó con la Medalla Nacional de Escultura, que estaba premiada con una cantidad de 15.000 pts. El propio Vaquero explicaba en qué consistía su proyecto: “Un proyecto de monumento a los Papas Calixto III y Alejandro VI… se ha concebido para Játiva, cuna de los Borgias. Es un grupo simple, con un cuerpo central, a los lados las estatuas de los dos Pontífices y en el extremo de los laterales, dos ángeles. Está concebida sobre planos sintéticos y rigurosamente actuales”. “Lo considero como un anteproyecto, un avance de lo que yo pudiera hacer. Llegado el momento de su realización lo estudiaría de un modo definitivo”.
En 1970 concurre al concurso convocado por el Ayuntamiento de Ávila con motivo de la concesión del doctorado a Santa Teresa de Jesús. El Proyecto de Monumento a Santa Teresa de Ávila fue realizado conjuntamente con el arquitecto Carlos Balmori, con el cual colaboró ya en el Monumento a los Reyes Católicos. Desconozco si se llegó a realizar, y en caso afirmativo también desconozco su paradero. El Ayuntamiento de Malagón (Ciudad Real) se interesó por él pero acabó encargando otro al manchego Joaquín García Donaire (1926-2003).

Dos proyectos sobre los que desconocemos la fecha y sobre si se llegaron a materializar son los dedicados a “Los caídos por la Patria” y a Gerardo Moraleja. Del Proyecto de Monumento a los caídos por la Patria solo conservamos el dibujo de un boceto. En cambio, del Proyecto de Monumento a Gerardo Moraleja se conservan dos bocetos. En el primero de ellos podemos ver el busto prolongado de Gerardo Moraleja sobre un alto basamento en el cual aparecen escritos en relieve “GERARDO MORALEJA” y debajo un dibujo de difícil adscripción. El conjunto se completaba con un zócalo de una escalera, lo cual contribuía a su monumentalización. El otro proyecto consistía en representar al sacerdote jesuita sentado, leyendo un libro que apoyaba en sus piernas. El escultura estaría asentada sobre un pequeño zócalo en cuyo frente iría grabado “GERARDO MORALEJA” y en las dos caras laterales los años de nacimiento, “1885”, y muerte, “1948”. Debido a la perspectiva del boceto ignoramos si en la cara trasera iría esculpido algo más.
Se desconoce si fue un encargo o bien un proyecto para un concurso. Lo que no cabe dudas es que el monumento tendría como destino o Gomeznarro (su pueblo natal) o Medina del Campo (ciudad de cuya colegiata fue presbítero, además de ser un importante historiador de la localidad). Tampoco conocemos la fecha de los bocetos, aunque se puede suponer que sería poco después de 1948, año de la muerte del clérigo.
Monumento a los Caidos por la Patria
Primer Proyecto para Monumento a Gerardo Moraleja
Segundo Proyecto para Monumento a Gerardo Moraleja

BOCETOS
Conservamos unos cuantos bocetos más realizados por el artista. Desconocemos tanto si se llegaron a realizar, como el lugar para el que fueron hechos:
Altar Sacramental, Panteón de los héroes, Cristo resucitado, Niño desnudo (1929), Mujer con el Niño (realizado ya en 1958), Felipe II (realizado ya en 1958), San Juan Bautista (realizado ya en 1958) y San José con el Niño.
El catálogo editado a raíz de la exposición dice lo siguiente sobre alguna de estas estampas:
Mujer con el Niño: “Es una madre a quien se le deshace la carne a fuerza de amor por el hijo que lleva en brazos. Su cabeza se acerca mucho al siglo de los precursores del Renacimiento. El aleteo de Donatello trae aquí un aire que se ve”.
Felipe II: “Toda la figura rezuma excepcional carácter español, sin influir para nada el tema. Quiso el escultor darle al Rey un agotamiento excesivamente extremado. Las manos se le caen muertas y el pecho se le hunde. A la cabeza se le va la fuerza y en la cara hay palidez mortal”. Tengo la impresión personal de que este boceto tendría como finalidad la realización de un monumento público al rey.
San Juan Bautista: “Levanta una mano; es un joven de musculosas piernas acostumbrado a caminar sin descanso. Es figura recia y llana de elegante apostura. Los grandes planos de su vestido acusan por debajo una robustez de atleta. Hay algo de enigma en su cara, cosa indefinible”.

Altar Sacramental
Cristo Resucitado
Niño desnudo
Felipe II
Mujer con su hijo
Panteón de los Héroes
San José con el Niño
San Juan Bautista

RESTAURACIONES
Retablos de la Virgen del Carmen y de Nuestra Señora de Loreto (1954. Valladolid, Iglesia de Santiago); Virgen de San Lorenzo (1956. Valladolid. Iglesia de San Lorenzo); Virgen de las Angustias (1957. Medina del Campo. Iglesia Colegial de San Antolín); Cristo del siglo XVI (1958. Montemayor de Pililla); Cristo de la Misericordia (1959. Palencia. Iglesia de Nuestra Señora de la Calle).

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000.
  • GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: La escultura contemporánea en Valladolid: [catálogo exposición], Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 1980.
  • GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: Las obras de restauración y adaptación llevadas a cabo en el Colegio de San Gregorio, de Valladolid, hasta la instalación del Museo Nacional de Escultura en el edificio, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, 1985.
  • GONZÁLEZ, Belén: “Antonio Vaquero Agudo” en Félix Antonio GONZÁLEZ: Personajes vallisoletanos, II, Valladolid 2004, pp. 313-324.
  • GONZÁLEZ-SIMANCAS LACASA, Manuel: “Un retablo de alabastro en pleno siglo XX”. En GÓMEZ LEIRA, Manuel y GARRIDO GONZÁLEZ, Manuel: Torreciudad, Madrid, 1988, pp. 165-192.
  • LÓPEZ ANTUÑANO, José Gabriel: Valladolid, arte y cultura: Guía cultural de Valladolid y su provincia (2 tomos), Diputación de Valladolid, Valladolid, 1998.
  • URREA, Jesús: Antonio Vaquero (1910-1974). Un escultor olvidado, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, 2013.
  • URREA, Jesús: Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción: pinturas y esculturas, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid 1998.

6 comentarios:

  1. Me perece un trabajo interesantísimo, lo digo por este artículo y por el de Antonio Vaquero. Pienso hacerme una ruta vaqueriana, con los lugares donde está repartida su obra. Se merece la exposición actual y mucho más,
    Un montón de gracias.

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  2. En la antigua casa sindical, hoy sede de CCOO y la CVE, Plaza de Madrid nº 4, además del bajorrelieve que se cita en este artículo hay (había) otro relieve de Vaquero, en el vestíbulo, junto a la escalera. Para poner un ascensor hace cuatro años mutilaron el relieve, cortándole tres piezas. Una pena. Os aconsejo que entréis y lo veáis, está al lado de la escalera, aunque está tan mal iluminado que casi no se ve.

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  3. Interesante reportaje de este personaje del cual también fui discípulo ya que fue profesor mío cuando estudié la Especialidad de Imaginería Castellana. Esta plaza de Imaginería Castellana originariamente fue creada para Crispín Trapote,tío carnal mío,quien nunca la ocupó por emigrar a Méjico. Más tarde fue recreada con el calificativo de Profesor de Término (Catedrático) para Vaquero, pues incialmente era de Maestro de Taller. Otro detalle a observar es que fue precisamente otro tío carnal mío, quien construyó el actual edificio de la Escuela de Arte de Valladolid, ya que mientras duraron las obras, el centro ocupó los bajos de la antigua Escuela de Peritos vallisoletana. De cualquier modo, vaquero fue una figura peculiar dentro del arte escultórico vallisoletano y me siento muy orgulloso de haber sido su alumno.

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  4. Se me olvidó señalar a mi otro tío carnal responsable de la construcción del actual edificio de la Escuela de Arte. Se trataba de Ángel Trapote que así mismo también fue Director y profesor de Término de dicha Escuela.

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  5. Me gustaría encontrar algo sobre un discípulo de este escultor, me refiero a Pablo Prieto misiego...

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  6. Soy sobrina de Antonio Vaquero Agudo .......y doy las gracias por recordarle y publicar su obra......

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